Tenía el mar infinito en mi mirada,
mi mundo eran sus manos en mi espalda.
La rima entre sus piernas
y el aceite, en las últimas horas,
envolvían de deseos
las infinitas ausencias.
Tenía las letras escurriéndose entre mis dedos,
las palabras queriendo gritar sus ausencias,
las miradas en mi pozo de una espera(nza) sin fondo,
un baúl lleno de silencios.
Tenía mi admiración en cada una de mis canas,
la vulnerabilidad de mis cicatrices
en cada beso,
y aún me pregunto por qué,
para qué.
0 Comments