La rabia hoy duele menos.
Cambiaste. Dijiste basta.
Tuviste que decir basta.
Aquella mirada
te heló.
Una tarde de tormenta,
un verano
de monstruos sin reflejo.
Oscuridad,
gritos y truenos
por ser tú, por encerrarte
y abandonar a un adulto.
Ahí lo entendiste.
Tenías que salir.
Nueve, ocho, diez, once…
Hoy te preguntas
¿cómo aguantó?
y la entiendes.
Las escaleras tras de ti.
Sus ojos. Los tuyos.
Tú en medio de su ira.
Tres décadas
y ese ser aún me habita,
me arde la garganta.
No hay un smartphone
pero te veo en la carretera,
esperándola ¿Recuerdas?
No te ibas por ellas.
Hoy, a veces, te arrepientes.
Te preguntas ¿Por qué?
Quiero ayudarte.
Disociaste.
Hoy te siento
mi niña.
Te abrazo.
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